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¿Se puede crear un modelo económico que piense en la sostenibilidad de la vida y no en el mercado? Habla Ana Isabel Arenas, lideresa feminista

Nota de Prensa

Compartir prácticas reales de economías alternativas con el fin de proponer transformaciones que permitan la autonomía económica de las mujeres es el tema central del Primer Encuentro Nacional de Economía Feminista de Colombia, que se está realizando en Cali entre el 15 y el 17 de septiembre.

Más de 200 personas de distintas partes del país y del mundo se reunieron en el evento para escuchar cerca de 80 ponencias guiadas por académicas, mujeres rurales, mujeres urbanas y organizaciones de la sociedad civil.

Este encuentro, que recibe el apoyo de ONU Mujeres, OXFAM Colombia, FESCOL y Open Society, también busca crear información dirigida a las organizaciones de los territorios para que puedan elaborar propuestas que apoyen la autonomía económica de las mujeres desde la economía feminista, de cara a las elecciones de autoridades territoriales en 2023.

Ana Isabel Arenas, integrante de la Mesa de Economía Feminista de Bogotá, habla sobre este evento que por primera vez reunió a las mujeres que trabajan por la economía feminista en Colombia y sobre la posibilidad de crear un modelo económico que se separe del mercado para construirse sobre la sostenibilidad de la vida.

¿Qué es la economía del cuidado y cuál es la crítica que se le hace al modelo económico tradicional?

La economía que conocemos tradicionalmente no toma en cuenta una serie de actividades necesarias para que la vida pueda seguir adelante, como cocinar, lavar o barrer. Estas son actividades que hacen la mayoría de mujeres en sus casas y se les conoce como trabajo de cuidado no remunerado, que no se reconoce, que no se paga y que se invisibiliza. La economía feminista critica esto, pues la economía no puede ser solo mercado. Están estas actividades que no pasan por el mercado, pero que se necesitan y representan el equivalente a un 20% del PIB.

Un pequeño porcentaje de la población tiene trabajadoras domésticas asalariadas, pero en el resto de los hogares es la mujer la que se ocupa de estas tareas. Eso implica que se tengan que levantar más temprano y acostar más tarde, o que no puedan salir a trabajar y generar ingresos estables. La economía del cuidado es reconocer que ese trabajo no remunerado que hacen las mujeres al interior de sus hogares le genera riqueza al país, lo necesitan las empresas para su fuerza laboral… pero a ellas nadie les da una pensión, no tienen vacaciones, no tienen derecho a seguridad social… Estamos reivindicando eso.

¿La economía es distinta para los hombres y para las mujeres?

¡Por supuesto! Desde la economía feminista guardamos los principios de la economía política y nos fundamentamos en ellos, pero tenemos una mirada técnica. Las decisiones económicas, cualesquiera que sean, afectan de manera diferente a mujeres y a hombres. Por ejemplo, ha habido una lucha para que las toallas higiénicas no tengan IVA. Los hogares con jefatura femenina, que son el 40% de hogares en Colombia, son más pobres que los hogares promedio. Por eso, cualquier incremento en el IVA de los productos básicos va a afectar más a estas mujeres porque tienen menos ingresos.

¿Qué alternativas existen a ese modelo económico tradicional para que haya igualdad?

Esto no pasa solo en Colombia, sino a nivel mundial: necesitamos sistemas de cuidado que sean balanceados entre el Estado, el mercado y la sociedad civil. Necesitamos que las familias se redistribuyan el trabajo. Puede haber una economía social y solidaria que rebaje los costos de los servicios que se hacen en los hogares y que les dé trabajo a las mujeres. Necesitamos que el estado asuma su función; que las empresas tengan, por ejemplo, jardines infantiles con el mismo horario laboral.

Necesitamos sistemas de cuidado balanceados y paritarios, que hombres y mujeres asuman lo que hay que hacer al interior del hogar. Los hombres pueden hacerlo sin ningún problema, pero la carga está muy centrada en las mujeres. Con todos estos cambios, ellas van a poder salir a conseguir trabajo remunerado de manera paritaria. Por último, buscamos acabar con la división sexual del trabajo, con esa creencia de que las mujeres deben estar dedicadas a lo privado. El hogar no es privado. Allí se reproduce la sociedad y por eso es público. Necesitamos que esa división sexual del trabajo no tome a las mujeres para ponerlas a trabajar gratis, sin reconocimiento.

¿Qué va a pasar luego del Primer Encuentro Nacional de Economía Feminista de Colombia?

Este evento es un hito en el proceso de formación que venimos haciendo con las mesas feministas de varias partes del país. Estamos haciendo una sistematización y ya hay mujeres que quieren replicar esto en otros países. Sin embargo, nuestro interés es Colombia: pensamos en cómo lograr que los sistemas de cuidado tengan en cuenta la situación de la mujer. Necesitamos estar en el mercado laboral y que este no ponga a las mujeres en los cargos de menor remuneración. Nuestro objetivo siempre es mirar todos los temas de la economía para definir cómo podemos ir recortando las desigualdades.

¿Cómo ha sido la experiencia previa de trabajar con las mesas feministas de Colombia, que se reúnen en este evento?

Hemos hecho mucho trabajo en los territorios y notamos que los talleres de economía del cuidado son mucho más fáciles con las mujeres pobres. Entienden el tema a la perfección porque a ellas les toca hacer de todo en el hogar. No obstante, el tema de economía feminista lo entiende cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad social, que quiera un país que no acumule tanto, un país que no genere desigualdad, sino oportunidades.